Sergio Meresman
Magister en Salud Comunitaria, (Universidad de
Liverpool, Inglaterra)
Responsable Area Salud, Proyecto MECAEP
Si bien todas las escuelas dedican un tiempo
a atender las cuestiones de salud (es decir, procuran
trasmitir los conocimientos y ofrecer los recursos
necesarios para evitar las enfermedades) encuentran
que la salud no es fácil de enseñar:
es necesario vivirla. Este es el princpal compromiso
que hacen las Escuelas Promotoras de Salud: no
se proponen enseñar la salud sino facilitar
oportunidades para experimentarla y aprehenderla.
En este artículo, me propongo revisar el
itinerario que va de la “salud escolar”
a las “escuelas promotoras de salud”
como un modelo que señala el recorrido
posible que lleva de la salud pública a
la salud comunitaria.
De la Salud Escolar a las Escuelas Promotoras
de Salud
En Uruguay existe una larga historia de cooperación
entre las escuelas y los programas de salud. Se
trata de una colaboración sustentada en
una realidad evidente: solo un niño sano
está en condiciones adecuadas para aprender
y aprovechar plenamente de la escuela. No solamente
la salud es necesaria para aprender sino que existe
además una relación reciprocamente
beneficiosa, ya que está comprobado que
las personas con mas años de escolaridad
tienen mejores herramientas para proteger su salud
y alcanzar una mayor calidad de vida.
Esta interdependencia entre salud y educación,
ha sido demostrada en numerosas investigaciones
y existe ya una abundante evidencia científica
y empírica que permite observar relaciones
y correlaciones mutuamente constructivas entre
salud y educación.
Sin embargo, la lógica que se desprende
de este análisis no ha evitado que a menudo
se establezca una relación asistencialista
y vertical entre las escuelas y los profesionales
de salud. Esta relación suele privilegiar
un enfoque restringido de la salud escolar y promueve
en las escuelas un rol pasivo y receptivo hacia
campañas e iniciativas que provienen del
sector sanitario. Esto sucede cuando los programas
de salud escolar priorizan exclusivamente las
necesidades puntuales del sector salud y dejan
de lado la posibilidad de una integración
oportuna y eficiente de sus acciones con los objetivos
y actividades que la escuela tiene previstos en
su propio plan educativo.
Se deriva así en actividades esporádicas
(charlas, campañas, controles de salud)
que no toman en cuenta las lógicas escolares,
los tiempos institucionales y las prioridades/oportunidades
que sin duda existen en la cotidianeidad de la
escuela. Se pierde así la posibilidad de
“agregar valor” educativo a estas
acciones, utilizándolas como espacio para
la participación activa de los niños
en la identificación de factores de riesgo
y la promoción de comportamientos saludables
que son determinantes en el largo plazo.
La superación del modelo tradicional de
la “salud escolar” por una estrategia
de Escuelas Promotoras de Salud implica articular
las dimensiones curativas, preventivas, y promocionales
que son necesarias para el desarrollo integral
y saludable de niños y niñas.
Salud, Educación y Desarrollo Infantil
Las escuelas han ido consolidándose progresivamente
como un espacio de comunicación e integración
entre diversas estrategias sectoriales y políticas
públicas en el nivel local, vinculándose
así al desarrollo de sistemas de atención
primaria y Municipios Saludables. En la medida
que los cambios sociales, los procesos de descentralización
y las herramientas de gestión educativa
logran ir adecuándose unos a otros, las
escuelas se consolidan como un punto de encuentro
entre las familias, sus necesidades y las redes
de servicios y propuestas para el desarrollo local.
Es cierto que esta nueva realidad implica mayor
complejidad en las escuelas y a menudo recarga
el trabajo de los equipos directivos y docentes.
Articular la tarea educativa con la implementación
de programas alimentarios, de protección
y promoción social o la gestión
de emprendimientos comunitarios junto a las familias,
requiere sin dudas de energías y recursos
adicionales. Sin embargo, en la medida que la
escuela es capaz de intengrar estas acciones a
su proyecto educativo y acotar (en función
de sus capacidades y objetivos específicos)
los aportes que es capaz de hacer al desarrollo
de los niños, las niñas y la comunidad,
aparecen herramientas y oportunidades nuevas que
enriquecen el proceso de enseñanza-aprendizaje
y aportan al trabajo de la escuela recursos colaborativos
multisectoriales.
El concepto de “desarrollo integral del
niño y de la niña” es el que
mejor engloba los principios desde los cuales
se propone potenciar el desarrollo de puentes
entre las políticas municipales y las Escuelas
Promotoras de Salud. Un programa de desarrollo
integral del niño y la niña en edad
escolar:
» Considera a la salud como fuente
de bienestar y desarrollo de la persona y no
como la mera ausencia de enfermedad.
» Utiliza todas las oportunidades
disponibles (formales y no formales, institucionalizadas
espontáneas) para desarrollar procesos
de aprendizaje y promover estilos de vida saludables.
» Empodera a los niños y
niñas para que tomen partido y participen
en el control de los factores de riesgo y a
favor de la salud.
» Promueven el vínculo entre
escuelas, comunidad, familias y servicios locales
de salud y desarrollo social.
» Promueven el desarrollo y la protección
de ambientes saludables para los niños,
niñas y sus familias.
En esta perspectiva debe tenerse en cuenta que
la edad escolar es clave en la historia de niños
y niñas y que la escuela tiene un papel
constitutivo en la elaboración de los saberes
y las habilidades que permiten tomar decisiones
saludables cuidando los mejor posible de sí
mismos y de todos. Es en la infancia (y muy particularmente
en la edad escolar) en donde se moldean las preferencias,
costumbres y estilos personales de cada persona
En la síntesis de las experiencias y vivencias
de los años escolares, el niño y
la niña adquirirán y construirán
las capacidades subjetivas, cognitivas y motrices
que determinarán en gran medida su capacidad
futura para ser y estar en el mundo.
Es por ello, que cuanto más integrales
y sostenidas son las intervenciones para promover
el desarrollo de pautas de autocuidado y estilos
de vida saludables, más positivos y duraderos
son sus efectos.
A partir del concepto de desarrollo integral
del niño y de la niña, los programas
de promoción de salud en la escuela representan
no solamente una oportunidad de coordinación
intersectorial al servicio de una mayor eficacia
en la prevención y detección temprana
de las enfermedades infantiles, sino la oportunidad
de crear entornos propicios al desarrollo de estilos
de vida saludable, la promoción de ciudadanía
y estimulo a los factores protectores de la vida
y la salud.
¿Que puede hacerse hoy por la salud
desde la escuela?
Es necesario señalar de forma categórica
que la responsabilidad de la escuela por la salud
es importante, pero que la promoción de
salud en la escuela debe contribuir siempre a
su rol especifico, que es la enseñanza.
Para ello es fundamental que las actividades de
promoción de salud no compitan con la planificación
escolar sino que se integren a ella, aportando
al mejoramiento de la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje
y contribuyendo a mejorar variables educativas
directas e indirectas, tales como la asistencia
a clase, la participación de las familias,
el rendimiento y la motivación de los niños
y niñas o el compromiso del equipo docente.
Cuado la promoción de salud en la escuelas
se integra al proyecto educativo y procura resolver
situaciones prácticas y relevantes de la
vida cotidiana, contribuye a cumplir el rol esencial
de una institución educativa: formar integralmente
a los niños y y niñas, trasmitiendo
saberes socialmente significativos.
Abordada de una manera creativa e innovadora,
la planificación de estrategias de protección
y promoción de la salud en la escuela permite
re-significar el vinculo existente entre las instituciones
educativas, los niños, sus familias y la
comunidad toda.
Las “puertas de entrada”
La salud es un bien social que se construye,
se vive y se disfruta en el marco de la vida cotidiana.
Esto resulta especialmente cierto en el caso de
la salud de los niños y niñas en
edad escolar: la amplia mayoría de ellos
disfrutan en su cotideaneidad de numerosas experiecias
vinculadas a la salud. Por lo tanto, una educación
orientada a sostener y motivar el desarrollo de
estilos de vida sanos, debe abordarse no como
algo abstracto sino en relación directa
con esta cotidianeidad.
La vida escolar, tanto como la vida cotidiana
en los hogares y comunidad, ofrece diariamente
oportunidades para informarse y aprender sobre
los temas de salud. No pasa un solo día
sin que algún tema vincuado a la salud
aparezca entre las noticias nacionales o locales.
Investigar acerca de estos probemas y sus “determinantes”,
construir una “visión” acerca
de cómo sería una escuela o comunidad
más saludable y establecer los pasos a
dar por cada uno de los actores involucrados,
son los ingredientes de un plan de trabajo a partir
del cual empieza a gestarse un proceso de promoción
de salud.
La puerta de entrada a un proyecto de promoción
de salud en la escuela comienza entonces identificando
un problema (o aspecto vinculado a la calidad
de vida) que resulte significativo para la escuela
y que se desee modificar. Es importante que el
tema y la propuesta de cambio resulten atractivos
para los niños y niñas y viables
en función del contexto adonde se va a
trabajar.
En el contexto de nuestro país, y a partir
del análisis de los factores que con mayor
intensidad estarán influenciando las perspectivas
de salud de l@s niñ@s y jóvenes,
algunas áreas de acción pueden señalarse
claramente como prioritarias para la educación
para la salud en las escuelas:
• Desarrollo de hábitos de
higiene personal: es necesario atender especialmente
a los riesgos vinculados con la posible emergencia
y reemergencia de enfermedades trasmisibles,
principalmente en los grupos sociales mas vulnerables.
La promoción de hábitos de higiene
personal debe, naturalmente, ir acompañada
de la provisión de servicios básicos
de agua y saneamiento en las escuelas. Su importancia,
se vincula con la necesidad de prevenir enfermedades
infecciosas y parasitarias que han aumentado
en su frecuencia (enfermedades de la piel, pediculosis)
así como de proteger la salud oral. Se
trata de abordar estos problemas desde un enfoque
de promoción de salud, enfatizando aspectos
de índole subjetivo determinantes como
autoestima.
• Impulso de vida activa y promoción
de nutrición saludable: es necesario
contrarrestar la creciente prevalencia del sedentarismo
y sobrepeso en la población uruguaya.
Se trata de factores de riesgo determinantes
en el desarrollo de enfermedades crónicas
que representan una de las principales amenazas
a la salud en Uruguay.
• Desarrollo de “habilidades
para la vida”: promover las habilidades
sociales, emocionales y cognitivas que protegerán
al niño y al niña de problemáticas
emergentes como el abuso de substancias adictivas
(alcohol, tabaco y drogas), respaldarán
decisiones responsables respecto de la afectividad
y la sexualidad y facilitarán comportamientos
prudentes en relación a accidentes y
violencias.
• Promoción de ambientes
saudables: En nuestro país, los niños
y niñas viven hoy en un ambiente que
es radicalmente distinto a aquél en que
han crecido las generaciones anteriores. Mientras
que el desarrollo económico y un mejor
comportamiento sanitario ha conducido a una
reducción de la morbi-mortalidad infantil,
para miles de niños y niñas el
deterioro ambiental y el aumento de la pobreza
implica condiciones de vida cada vez más
hostiles y desprotegidas. La salud de l@s mas
pequeñ@s es, además, más
susceptible que la de los adultos a los efectos
del deterioro ambiental, y puede considerarse
un sensible “indicador ambiental”
en la medida que refleja rápidamente
(a través de problemas respiratorios,
de piel, irritación de los ojos, etc.)
los niveles de riesgo y deterioro.
Los “ingredientes”
El enfoque de Escuelas Promotoras de Salud procura
combinar elementos como la información
y el desarrollo de conocimientos y habilidades,
junto a otros de tipo comportamental tales como
el desarrollo de ciudadanía activa y la
participación en programas que busquen
el mejoramiento de las condiciones de vida de
los niños, la escuela y su comunidad.
El desarrollo de una Escuela Promotora de la
Salud tiene en cuenta cuatro componentes esenciales:
• Educación para la salud,
basada en las necesidades e intereses de los
alumnos en cada etapa de su desarrollo y acorde
a las características individuales, culturales
y de género. Procura integrarse de manera
permanente y transversal al currículum,
y seguir una lógica secuencial y progresiva.
Utiliza metodologías participativas
y constructivas, busca ir mas allá de
la mera información y fortalecer el desarrollo
de las “competencias” (“saber
hacer”) que se requiere para tomar decisiones
favorables a la salud .
Procura encontrar estrategias sostenibles y
adecuadas para que el equipo docente logre involucrarse
en el proyecto de promoción de salud
sin que esto implique un esfuerzo o tarea adicional.
Se busca que la promoción de salud permee
en todo lo posible el plan de trabajo de los
maestros, tanto a nivel del curriculum explicito
como del curriculum “oculto”.
• Desarrollo de ambientes y entornos
saludables, referido tanto a los espacios físicos
(que deben estar limpios y ser estructuralmente
adecuados) como al entorno institucional (que
debe ser emocional y psico-socialmente sano,
seguro, libre de agresión y violencia
verbal, emocional o física).
El ambiente institucional y físico de
la escuela es un factor esencial: debe reflejar
los comportamientos que se intenta promover,
a través de entornos físicos e
institucionales que los valoren e incentiven.
Las Escuelas Promotoras de Salud procuran los
medios para crear y mantener ambientes y entornos
que refuercen la salud de quienes aprenden,
enseñan y trabajan en la escuela, incluyendo
acciones de promoción de la salud para
el personal docente y trabajadores administrativos
y de mantenimiento, así como actividades
de promoción de la salud con las asociaciones
de padres y con organizaciones de la comunidad.
• Acceso a redes de servicios colaborativos
de salud y protección social, de manera
de detectar y prevenir integral y tempranamente
los problemas de salud y las necesidades de
asistencia, garantizando una adecuada alimentación
y controlando los principales factores de riesgo.
Se pretende que fortaleciendo el vínculo
de la escuela con servicios municipales ya existentes,
se fortalezca la capacidad de escuelas para
dar respuesta a las necesidades alimentarias,
de asesoría y consejería psicológica,
de prevención de la violencia y el maltrato,
de acceso a deportes y recreación, etc.
En muchos casos, la integración a estas
redes permite el desarrollo de pequeños
emprendimientos productivos tales como huertos
escolares en el marco del proyecto escolar de
salud y como forma de hacer mas sustentables
y significativas las acciones de la escuela.
• Participación, las Escuelas
Promotoras de Salud procuran “empoderar”
a todos los que participan del proceso y facilitar
su invlucramiento en la toma de decisiones,
fomentando así la construcción
de ciudadanía y democracia solidaria.
El de participación no es solo un componente
esencial del enfoque de Escuela Promotora de
Salud, sino un elemento transversal que recorre
los tres anteriores y al que debe prestársele
especial atención.
¿Cómo comenzaron las Escuelas
Promotoras de Salud?
En America Latina, las Escuelas Promotoras de
Salud han sido impulsadas por la Organización
Panamericana para la Salud (OPS/OMS) como una
respuesta multisectorial a la necesidad de integrar
y coordinar políticas públicas en
favor de la infancia y adolescencia. Su fin ha
sido definido como el de “formar futuras
generaciones que dispongan del conocimiento, habilidades
y destrezas necesarias para promover y cuidar
su salud, la de su familia y comunidad, así
como de crear y mantener ambientes de estudio,
trabajo y convivencia saludables”.
Desde el lanzamiento formal de la Iniciativa
en 1995, se ha omprobado el potencial de las escuelas
para transformarse en comunidades saludables.
Mas recientemente, se ha conformado en una Red
Latinoamericana de Escuelas Promotoras de la Salud,
llevándose a cabo tres reuniones regionales
desde entonces. Este proceso de construcción
y consolidación de la Red busca convertirse
en un espacio para el intercambio de ideas, de
recursos, de experiencias a la vez que alimenta
la mística y el entusiasmo de las escuelas
participantes.
¿Y cómo se reconoce una
“Escuela Promotora de Salud”?
Muchas veces nos cuesta definir cuándo,
porqué y cómo una escuela se convierte
en “Promotora de Salud”. De alguna
manera, todas las escuelas que son sanas, son
un poco “promotoras de salud”. La
diferencia es quizás que solo algunas de
estas escuelas, alcanzan a explotar plenamente
ese enorme potencial, a traves de un trabajo sistemático
y sostenido.
En términos generales, decimos que las
escuelas que cuentan con un edificio seguro y
confortable, con agua potable e instalaciones
sanitarias adecuadas, y una atmósfera positiva
para el aprendizaje, que fomentan el desarrollo
saludable de los niños y que promueven
aptitudes y actitudes positivas hacia la salud,
se consideran “escuelas promotoras de la
salud”. Sin embargo, se ha desarrollado
y adaptado un sistema de “indicadores”
que puede resultar de utilidad a las escuelas
y municipios para contar con parámetros
y formular metas a cumplir.
A partir de la experiencia recogida por la Red
Latinoamericana, se han establecido pautas que
permiten fijar metas y acreditar a una escuela
como “promotora de salud”. El proceso
de acreditación de las escuelas propone
requerimientos mínimos y fexibles, que
deberán ser validados en cada caso al ámbito
local y oportunamente certificados por un ente
neutral.
¿Cómo se construye una
escuela promotora de salud?
a. Movilizar,
sensibilizar, involucrar a niñas, niños,
docentes, padres y madres de familia: todos
pueden contribuir al desarrollo de una escuela
promotora de salud.
b. Conformación
de un equipo gestor/coordinador: en el que estén
representados todos los estamentos de la comunidad
educativa asi como las personas o instituciones
de la comunidad que vayan a colaborar con el
proyecto.
c. Elaboración
del diagnóstico escolar de salud: mediante
entrevistas, discusión de materiales
informativos, encuestas, etc. en un proceso
de investigación y consulta activa, se
escogen los temas más significativos
a la vez que se establecen prioridades y metas.
d. Elaboración
de un plan operativo: detectados y priorizados
los aspectos que se desea modificar, se establecen
los objetivos, estrategias, actividades, responsables,
tiempos de ejecución, recursos, indicadores
y “socios” que se procurará
comprometer en la gestión de soluciones.
El plan de trabajo podrá estar formulado
como un Proyecto de Mejoramiento y Desarrollo
Educativo y debe incluir la previsión
de resultados tangibles así como los
indicadores que darán cuenta de su logro.
e. Desarrollo
de redes: es enriquecedor para el trabajo de
las escuelas poder intercambiar sus experiencias
con otras instituciones en el municipio. El
desarrollo de Redes Municipales de Escuelas
Promotoras de Salud permitirá compartir
recursos, sumar motivaciones y encontrar objetivos
conjuntos en los que las escuelas contribuyan
al desarrollo de un Municipio Saludable.
f. Monitoreo
y evaluación: el equipo gestor/coordinador
deberá organizar periódicamente
el seguimiento de las acciones planificadas
determinando problemas, dificultades, adelantos
y logros.
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Vivir en Colombia: Estudio de un caso; Washington
1999, Banco Mundial y Organización Panamericana
de la Salud.
| Criterios para
acreditar a una Escuela Promotora de Salud
Proceso de planificación
La escuela debe reunir por lo menos tres
de los siguientes elementos:
» Documento de compromiso con
el desarrollo de la iniciativa
» Grupo de trabajo (gestión
y coordinación hacia dentro y fuera
de la escuela) conformado y en el que estén
representados todos los sectores de la comunidad
educativa.
» Evaluación de las necesidades
o documento con plan de acción por
al menos un año.
» Inclusión del programa
de salud escolar en el plan de acción
de la comunidad, el proyecto educativo institucional
o el plan anual de clase.
Actividades de Promoción
de Salud
La escuela debe reunir por lo menos tres
de los siguientes elementos:
» Alimentación sana (a
nivel del kiosco escolar, los refrigerios
y el comedor escolar)
» Actividad física (énfasis
en la carga horaria de la educación
física, recreación y deportes).
Adecuación de los espacios físicos
destinados al juego y el deporte de niños
y niñas.
» Estimulo a factores psicosociales
protectores de la salud (afectividad, desarrollo
de habilidades para la vida, relaciones
interpersonales)
» Prevención del uso de
tabaco, alcohol y drogas a través
del compromiso por espacios libres de humo,
desarrollo de actividades recreativas, etc.
» Promoción de la salud
bucal (instalación de cepilleros,
actividades educativas)
» Ambiente escolar sano (cuidado
y mejoramiento del espacio físico,
participación en proyectos de mejoramiento
ambiental, desarrollo de ecoclubes)
Participación
La escuela debe lograr la participación
activa de al menos tres de los siguientes
grupos involucrados:
» Personal administrativo
» Maestros
» Niñas y niños
» Padres y madres de familia
» Representantes de la comunidad
» Instituciones vecinas
» Instituciones vinculadas al
proyecto de Municipio Saludable
Basado en la Red Chilena de EPS |
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