Educación para la vida, asignatura pendiente

Psic. Sergio Meresman
Magister en Salud Comunitaria, Consultor de instituciones nacionales e internacionales.

Ya hay educación sexual

Tengo la impresión de que –contrariamente a lo que muchos creen y a lo que fuera planteado en estas Jornadas- en Uruguay sí se han venido desarrollando una serie de programas de educación y promoción sexual muy potentes, masivos y efectivos. Muchísimos. Uno de los más recientes es el programa “Resistiré”, que se emitió durante buena parte del reciente año escolar en horario nocturno por la televisión abierta y al que accedieron en gran número los niños y niñas en edad escolar de todo el país. Este programa, abundó en contenidos sexuales a traves de mensajes bastante directos y movilizadores, propuso ejemplos explicitos y no se privó de tocar casi ningun tipo de temáticas sexuales en sus mas variadas versiones y transversiones. La envidiable popularidad de este programa -y por supuesto la ausencia extrema de sentido común a nivel de lo que E. Roudinesco llama “la familia en desorden” para regular los horarios y contenidos televisivos que son permitidos a los niños- los convirtió (según reportaron las docentes) en el tema de conversación preferido entre los niños y jóvenes en edad escolar durante varios meses, a la vez que fuente de todo tipo de observaciones, controversias y teorías sexuales. En varias escuelas, la pegadiza canción central de “Resistiré” fue enseñada y cantada en la clase de música de 4tos, 5tos y 6tos grados a solicitud de los propios niños, para beneficio y popularidad de los maestros y maestras más innovadores.

Hay otros ejemplos de programas masivos de educación sexual abiertos y a disposición de los niños y niñas y adolescentes uruguayos. Con solo ingresar a un cybercafé y por apenas 10 pesos se puede acceder libremente a la más variada enciclopedia de información y expresión sexual en toddos sus variados formatos multimedia (texto, fotografías, videos, animaciones). Cualquier niño o niña puede sentarse allí a aprender, a jugar, a explorar, imaginar y preguntar (se) lo que nunca se hubiera atrevido a preguntar acerca del sexo. Todos estos recursos ofrecen contenidos abundantes y suficientes, un vasto curriculum sobre temas sexuales. Su popularidad entre el público infantil y adolescente es incomparable y está apenas comenzando.

No se trata de un fenómeno nuevo más que en los soportes comunicacionales que lo vehiculizan. Los programas de televisión y la conversación con pares acerca de temas sexuales (propuestos en la mayoría de los casos por la cultura adulta) demuestra haber sido siempre la principal fuente de información sexual de los niños y jóvenes, desde los chistes de Jaimito (a quien la educación sexual debe sin duda un tributo) hasta los modernos y “transgresores” espacios en la televisión o internet. Estudios como el de la American Pediatrics Association (2004) demuestran que entre los adolescentes de 12 a 17 años, la televisión y las expectativas de sus pares son la principal influencia a la hora de tener relaciones sexuales. En nuestra región, estudios como el llevado a cabo por la Fundación GAMMA-IDEAR entre 1987 y 1993 indica que los amigos son la fuente mas importante de información sexual, especialmente para los varones (48-65% contra 40-46% para las mujeres). En todos lados, los programas de educación sexual buscan apoyarse en la influencia de estos medios, controlando los contenidos televisivos para que no sobre estimulen sin ofrecer estrategias de cuidado y promoviendo información consistente y espacios de reflexión para los jóvenes.

¿Cual sería entonces la importancia de plantearnos la educación sexual en las escuelas y liceos? ¿Cuál sería el enfoque más apropiado? ¿Cómo abordar con una lógica escolar aquello que –a falta o fragilidad de las barreras morales, el asco y el pudor que Freud señala como “distintivas del modo propiamente humano de abordar la sexualidad”- está en los poros y la piel y en la vida cotidiana de los niños desde edades cada vez mas tempranas? ¿Se trata de establecer un programa y seleccionar contenidos o de brindar a la escuela herramientas y modalidades con que crear las condiciones para que la información y la promoción sexual circulante encuentre un sitio donde ser pensada y conversada, procurando un reparo para la ansiedad que ella misma genera en los jóvenes?

¿Por qué la escuela?

Hay muchos aspectos de la formación y desarrollo sexual de un niño o adolescente en los que ni la escuela ni la educación sexual que allí se ofrezca influirá significativamente. Conviene tenerlo en cuenta para registrar el límite de la misión educativa: la identidad sexual, la elección sexual y las vicisitudes del objeto amoroso serán siempre mas o menos traumáticas y habrán de construirse en una matriz privada, que no es precisamente la escolar.

Sin embargo, la educación, la información, la oportunidad de preguntar y escuchar, la invitación a dialogar y pensar, son elementos que sí influyen (y mucho) en los recursos con que un individuo aborda los desafíos de su crecimiento y desarrollo como persona. Especialmente allí adonde las familias no consiguen ofrecer lo que se espera de ellas, el espacio escolar (los maestros cuando están preparados, otros adultos, los pares) puede alojar constructivamente algunas de las preguntas, silencios, narraciones, que le den cauce a las curiosidades e incertidumbres de la sexualidad.

La edad escolar es clave en la historia de los niños y la escuela tiene un papel constitutivo en la gestación de los saberes y las habilidades que les permitirán (o no) tomar las decisiones mas saludables en sus vidas. Es en la infancia (y muy particularmente en la edad escolar) adonde se moldean muchas de las preferencias, costumbres y estilos personales que luego conocemos como “estilos de vida”. En el itinerario de sus experiencias y vivencias escolares, los niños adquieren y construyen muchas de las capacidades subjetivas, cognitivas y motrices que determinarán su capacidad para ser y estar en el mundo.

En la medida que la escuela se hace capaz de integrar estas dimensiones del crecimiento y desarrollo de los niños al núcleo de su proyecto educativo, aparecen nuevas herramientas que enriquecen el proceso de enseñanza-aprendizaje aportando motivación y significado a la construcción de conocimientos.

El concepto de “desarrollo integral del niño y de la niña” es el que mejor engloba los principios desde los cuales puede plantearse en la escuela un programa que promueva la salud sexual. Un programa de desarrollo integral del niño y la niña en edad escolar:

 Considera a la salud como fuente de bienestar y desarrollo de la persona y no como la mera ausencia de enfermedad.

 Utiliza todas las oportunidades disponibles (formales y no formales, institucionalizadas espontáneas) para desarrollar procesos de aprendizaje y promover estilos de vida saludables.

 Invita y habilita a los niños y niñas para que tomen partido, construyan valores, participen de las discusiones y decisiones que les conciernen.

 Promueven el vínculo entre escuelas, comunidad, familias y servicios locales de salud y desarrollo social.

Educación para la vida: la materia pendiente

¿Cómo puede la escuela trabajar con estos materiales para promover una sexualidad los más saludable posible?

En primer lugar, tratando la sexualidad precisamente como un “material” y no como una materia. Material atravesado por un sinfín de determinaciones históricas que le dan forma, lo deforman, lo vuelven a transformar. Conocer y pensar estas determinaciones es algo que puede hacerse en la escuela, como forma de informarse y desarrollar habilidades para la vida.

Sugerir que la educación sexual se convierta en una “asignatura” conduciría en el mejor de los casos a un equívoco, en el peor de ellos a una misión absurda, autoritaria o imposible. Debe tenerse cuidado en pretender escolarizar la sexualidad en el sentido de pautarla, normativizarla, memorizarla o estandarizarla. Resulta obvio que la sexualidad no es una matemática y aunque tenga su química y su geografía, la escuela no debría tratarla como una asignatura más.

La sexualidad es el material de la vida (material libidinal a la vez que social, cultural) y en realidad de lo que se trata en la escuela es de prepararse para la vida. Lo sexual, que atraviesa a la escuela como atraviesa la vida de los niños, debería ser tratado justamente “a traves” de su vida cotidiana. Transversalmente. No solo a nivel de lo curricular sino atravesando todos los espacios educativos que genera la escuela (el aula, el recreo, los juegos, el ambiente) y que las maestras llaman “aula extendida”.

El principal sentido que tiene abordar materiales tales como la sexualidad o la salud en el ámbito escolar, es el de contribuir a la formación integral de niños y niñas. La escuela tiene esta misión de contribuir al desarrollo integral de los jóvenes preparándolos para el desafío de la vida, aunque no debería llevar esta misión mucho mas allá de lo que es específico a su rol que es el rol de educar. Abordar ese rol desde una perspectiva amplia e integral significa darle lugar y trabajar en la escuela con todos los materiales, interrogantes y tareas de la vida.

Esto incluye la educación sexual, pero debe preservar para el ámbito familiar las cuestiones mas íntimas y privadas, estimulando a los padres a que sean ellos quienes diriman los aspectos mas estructurales y fundamentales que hacen a una vida y una sexualidad saludables.

El trabajo educativo en materia sexual podría pasar así a traves de una serie de espacios y oportunidades:

 El juego, la fantasía y la aventura, estimulándolos, incluyéndolos como parte de la vida en la escuela.

 El recreo, gestándolo como un espacio para la convivencia y el acercamiento.

 El deporte, la competencia, que son medios socialmente valiosos de sublimar el deseo, la pulsión sexual y la agresividad.

 Los cuentos, la poesía, las canciones y la música, en la medida que ofrecen narraciones y relatos que asisten a la tarea subjetiva, “personal” y social de tramitar la afectividad.

 El estímulo a las actividades educativas, culturales, recreativas en familia y comunidad, adonde se construye y forma la educación sexual a partir del encuentro con herman@s, vecin@s, amig@s.

Por último, debe tenerse en cuenta que cualquier enfoque educativo que intente ser coherente con la perspectiva de promoción de salud, implicará generar dinámicas participativas y desarrollos de largo plazo. Esto no es sencillo de sostener en instituciones como las que tenemos hoy: con un mandato social muy complejo y a menudo exhaustas o desbordadas.

La capacitación y el acompañamiento a los docentes será fundamental y deberá ser permanente desde el inicio de su formación y a lo largo de su práctica. Para que la escuela logre aportar al desarrollo de una sexualidad saludable y responsable debe prepararse.

El desarrollo de una educación para la vida como espacio transversal que permee los diferentes poros y espacios educativos de una manera abierta, sólida y atractiva, es la verdadera asignatura pendiente.